Las empresas estatales exitosas no son realmente estatales
31 de agosto del 2007.
El 22 de agosto la CAF hizo llegar a Petroperú el modelo de financiamiento que sería utilizado para la modernización de la refinería de Talara, base para promover este proyecto. (Expreso)
La petrolera del Estado es un permanente dolor de cabeza. En los últimos años, los registros de escándalos de corrupción que involucran a funcionarios de la empresa podrían formar un manual para quienes aspiran a estafar al Estado. Allí están la remodelación de Palacio con petrofondos y denuncias de irregularidades en contratos de compra y transporte de combustible, contratación de servicios, licitaciones y adjudicaciones directas, trabajadores fantasmas, tarjetazos presidenciales, clientelismo político, planillas secretas y planillas doradas, y petrojuergas. Y todo porque los gobiernos han preferido siempre mantener el padrinazgo político, retener el manejo de la empresa y gozar de su enorme liquidez, pues se trata nada menos que de la tercera en ventas a nivel nacional. Es decir, una caja chica potencial. ¿Hay alguien en la cárcel por todo esto? No.
La ley que regula el sector, Ley de Hidrocarburos, es letra muerta. Se hizo pensando en que operarían sólo empresas privadas, por lo cual señala que el precio lo fija el mercado (oferta-demanda). Pero eso no ocurre porque no se terminó de privatizar el sector. Hoy Petroperú fija sus precios y el privado sólo puede seguirla. Y sólo unos pocos privilegiados conocen la fórmula tarifaria de la petrolera estatal (si la hay). La interferencia política se disfraza de «regulación de precios para evitar daño al consumidor». Pero el consumidor sufre más por las ineficiencias del menor desarrollo del mercado que impone la permanencia del Estado en él y de los males propios de las empresas estatales: falta de transparencia, injerencia política y ausencia de control. Y en vez de darle parte del capital y la gestión al sector privado, o buscar un directorio independiente y una mayor transparencia, se premia a la empresa excluyéndola de los controles del Consucode, Fonafe y SNIP. Es decir, se abren más posibilidades de corrupción. Hasta aquí, ¿cómo es que se beneficia al consumidor?
Quienes defienden la aventura empresarial del Estado no se cansan de citar otros casos. Pero no ven más allá de sus intereses. Petrobrás, pasó de ser una empresa con trabajadores 25% menos productivos que el promedio del sector a una cuyo valor de mercado es 1.3 veces el PBI peruano. Su fórmula; directorio independiente, tercerización, cotización en bolsa, US$700 millones anuales de inversión en I&D y tecnología de punta. Hoy el 60% de la empresa está en manos de privados y Brasil es energéticamente autosuficiente. Ecopetrol (Colombia) acaba de poner a la venta el 20% de capital social, lo cual le permitirá aumentar su valor de mercado en 40% e invertir US$12,000 millones en los próximos 4 años. La otra cara: Pemex (México) tiene deudas del tamaño del PBI peruano y en los 5 últimos años sus reservas probadas se desplomaron: petróleo, 50%; líquidos, 48%; gas seco, 51% y gas natural, 51%. En 2006, recibió una multa histórica por haber registrado el récord de accidentes por fugas y derrames. PDVSA (Venezuela) le sigue los pasos. Desde 1999 en que gobierna Chávez, redujo su producción en 25% y casi no invierte. ¿Cuándo aprenderemos?
Ranking de Transparencia para Empresas del FONAFE, 2006 (En Porcentajes)
Fuente: FONAFE / Elaboración: Instituto Peruano de Economía / * En Julio de 2006 fue excluida del FONAFE.
En el ranking de transparencia del FONAFE, Petroperú aparece en el puesto 31 de 37, pese a ser por mucho la mayor empresa estatal. Los múltiples escándalos no dejaron sancionados ni encarcelados, pero además se premió a la empresa quitándole los controles. Si todo es tan transparente, ¿por qué no hay un directorio independiente y se vende parte del capital al sector privado?
